El Gato

 

M.P.3.

 

Esta movida danza criolla se bailó en todas nuestras provincias, posiblemente desde antes de 1820, y perduró en la mayoría de ellas hasta los primeros años de nuestro siglo. Actualmente aún se baila "al natural" en algunas regiones del norte, centro y oeste, por lo que pertenece al llamado "folklore vivo".
El gato se bailó en varias naciones americanas - Perú, Chile, Uruguay y Paraguay entre ellas- pero fue en nuestro país en donde arraigó con mayor fuerza.
Entre las versiones musicales antiguas citaremos las dos de Ventura Lynch (1883), la de Andrés Chazarreta (1911) y las 3 de Manuel Gómez Carrillo (1920 y 1923).

 

"Creo que no existirá un gaucho que no sepa por lo menos rascar un "Gato", escribe Ventura R. Lynch en su "Cancionero Bonaerense" (1883), dando así la pauta de la popularidad de esta danza que, bajo distintas denominaciones, se cantó y bailó en México, Perú, Chile, Paraguay y en todo nuestro territorio. Jorge M. Furt, en su libro "Coreografía Gauchesca" (1927), ha identificado -con razones satisfactorias- tomando como base la conocida copla:


Salta la "perdiz", madre
Salta la infeliz;
Que se la lleva el "Gato"
El "Gato" "mis-mis"

  A esta misma danza con el nombre de "Gato mis-mis", "Mis-Mis" y "Perdiz". Estas designaciones acerca de las cuales existe amplia documentación, coinciden con los testimonios de que esta danza figuraba antaño en sitio de honor, tanto en las reuniones aristocráticas como en las de campaña, en los países antes mencionados. Es la danza criolla más popular de nuestro acervo folklórico, y ha generado distintas variantes coreográficas conocidas en la actualidad con el rubro de "Gato Bonaerense" o "De la Provincia de Buenos Aires", "Porteño", "Cuyano", "Cordobés", "Gato con relaciones", "Gato encadenado", "Gato polkeado", etc. Todas estas denominaciones no indican nada más que procedencia y ligeras modificaciones regionales o locales, que nunca alcanzan a desvirtuar su filiación. En ciertas ocasiones se les menciona también como "Bailecito" sin que por ello pueda confundirse con la danza del mismo nombre, coincidiendo todos en que se trata del "Gato". Ningún baile ha prosperado tanto como éste, que tuvo el honor de alternar con el elegante "Minué" en el "Cuando", y hasta podríamos asegurar sin temor a equivocarnos, que es el arquetipo de nuestras danzas nativas. Reúne todas las cualidades que corresponden a éstas, dejando amplio margen, por su coreografía sencilla, para que se manifieste la personalidad del hombre y la inconfundible gracia de la mujer Argentina.

Coreografía

Es una de nuestras danzas criollas mas populares; por su carácter ágil y vivas integra el gran ciclo coreográfico picaresco.

Su presencia fue documentada por cronistas, viajeros y costumbristas en Perú, Méjico, Chile y Paraguay durante el siglo XVIII. Desciende a la Argentina al igual que todos los bailes picarescos o apicarados del importante foco radial que fuera Lima durante el periodo colonial; es aquí donde llega a gozar de mayor preferencia desde 1800 aproximadamente hasta el presente siglo, en que aun se puede encontrar como danza viva.

El gato fue expresión usual del gaucho. Ventura R. Lynch. exponente argentino de la vida de este singular tipo, humano, en 1883 en su obra "Folklore Bonaerense" dice: "Creo que no existirá un gaucho que no sepa, por lo menos, rascar un gato ", y "esta composición es la obligada del gaucho".                                                                                                                                Fue manifestación que practico con entusiasmo en sus bailes y la bailo inclusive en los velorios, antigua costumbre criolla que asombra a los extranjeros de paso por nuestro territorio, algunos de los cuales dejaron constancia de sus observaciones. Su popularidad también alcanzo la distinguida sociedad provinciana que lo incluyo en su núcleo de aristocráticas danzas. Según una tradición oral, Juan Manuel de Rosas "punteo un gato" en la fiesta celebrada en Los Cerrillos en 1820-21, y Lynch transcribe coplas de gato cantadas en favor del caudillo.

Su difusiones extendió a todo el país, siendo probada su existencia en la campaña y en los salones de Buenos Aires, Cuyo, Centro, Litoral y Noroeste a lo largo del siglo pasado.                                                                                                                      Su enorme aprobación hizo que desde 1837 lo acogiera el circo -receptáculo y difusor poderoso de expresiones populares- como parte de sus programas; en 1884 se lo incorpora a uno de los cuadros de la pantomima "Juan Moreira"; logra además, mención  en la poesía gauchesca de Hilario Ascasubi.

Es de considerar que debido a las representación esescenicas, el gato logra su revitalización en el interior llegando a Bolivia a principios de 1900.  

 

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